11 de junio de 2011

De caminantes y caminos.

Cañón del Río Lobos


La fuerza y constancia de las aguas del río Lobos, ayudadas por la erosión de la lluvia, han modelado las calizas mesozoicas de este parque natural originando un profundo cañón de escarpados farallones. La disolución de la roca caliza ha formado grutas que con el paso del tiempo han caído por su propio peso creando un paraje de singular belleza. Toda esta zona es un inmenso karst con numerosas cuevas, simas y sumideros recorridos por un complejo sistema de aguas subterráneas y acuíferos.
Para conocer este parque sólo hay que caminar por un cómodo camino que discurre paralelo al cauce del río, atravesando espesos pinares y sabinares de aromáticos olores, junto a refrescantes bosques de ribera. En algunas zonas, el agua se remansa formando tranquilas pozas que invitan a hacer un alto en el camino. Son rincones donde el relajante sonido del agua se mezcla con el canto de los pájaros y de las pequeñas ranitas que habitan estas aguas. El lento fluir del agua permite que los nenúfares desplieguen sus grandes hojas flotantes adornadas por sus luminosas flores de un intenso amarillo, entre densas eneas y la menta de las aguas.
El corazón del parque
La senda continúa, dejando atrás el bosque, siempre bordeada por las grandes y oxidadas paredes del cañón. Los buitres leonados, con su vuelo fácil, planean sobre nuestras cabezas mientras caminamos adentrándonos en el corazón del parque. Es fácil ver también alimoches y otras rapaces protegidas. En algunas de las paredes hay grutas que se pueden visitar por su fácil acceso. Son miradores que encuadran el paisaje, dándole un enfoque diferente, y hacen volar nuestra imaginación hacía otro tiempo en el que nuestros antepasados habitaban este entorno para recolectar y cazar. En la zona se han encontrado utensilios y pinturas rupestres datadas en la Edad del Bronce.

La belleza y quietud del cañón también cautivaron a la orden de los caballeros templarios, siendo este uno de sus enclaves más importantes. De su cenobio sólo se conserva la ermita de San Bartolomé, construcción románica del siglo XIII cuya ubicación esconde un misterio. La unión de este punto geográfico con los de otros templos templarios forma una cruz de malta, el símbolo de la orden. Esta circunstancia añade a este escarpado paisaje un valor mágico y exotérico, acentuado por la presencia de un primitivo altar megalítico.
Quizá nuestras intenciones, al visitar este parque, no difieran mucho de las de estos viajeros de otro tiempo. Como anacoretas del siglo XXI, también buscamos un lugar retirado y solitario que nos aleje, aunque sea temporalmente, de las sombras, vapores y humos de nuestras ajetreadas y bulliciosas vidas urbanas.
Localización:

Está al oeste de Soria limitando con Burgos. El acceso desde Burgos, se hace a través de la carretera nacional N-234 hasta la localidad de Hontoria del Pinar y San Leonardo de Yagüe. Desde Soria se puede acceder por la carretera N-112 hasta El Burgo de Osma, y desde allí, por la carretera comarcal SO- 920, hasta Ucero, localidad que constituye la puerta sur del parque natural. Aquí está situada la Casa del Parque Natural (975363564). Desde Soria también se puede acceder por la carretera N-234 hasta la localidad de San Leonardo de Yagüe y desde allí optar por tomar la carretera SO-920, en dirección Casarejos y Ucero, o bien, por la carretera SO-960, en dirección a Santa María de las Hoyas, por donde llegará hasta el paraje del "Puente de los siete ojos".
Superficie (Ha.):  10.176

una recomendación de mi amiga Maribel...